09
Sep

SALUD Y NUTRICIÓN

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En pocas palabras y de forma sencilla:

La nutrición es la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo. Una buena nutrición (una dieta suficiente y equilibrada combinada con el ejercicio físico regular) es un elemento fundamental de la buena salud.

Los alimentos proporcionan la energía y los nutrientes que necesita para estar sano. Entre los nutrientes se incluyen las proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua.

Aprender a comer de manera nutritiva no es difícil. Las claves son:

  • Consumir una variedad de alimentos, que incluyan los vegetales, frutas y productos con granos integrales
  • Consumir carnes magras, aves, pescado, guisantes y productos lácteos descremados
  • Beber mucha agua
  • Consumir moderadamente sal, azúcar, alcohol, grasas saturadas y grasas trans

Las grasas saturadas suelen provenir de los animales. Busque las grasas trans en las etiquetas de los alimentos procesados, margarinas y mantecas.

Una mala nutrición puede reducir la inmunidad, aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades, alterar el desarrollo físico y mental, y reducir la productividad.

Está perfectamente demostrado que en las edades más tempranas (de uno a tres años de edad), la dieta
debe aportar la energía y los nutrientes necesarios para garantizar un crecimiento y desarrollo óptimo. En
esta fase, los niños se familiarizan con la variedad de alimentos probándolos por primera vez así como con
las distintas formas de preparación más habituales.

Recordamos que nuestros hijos pasarán en poco tiempo de una alimentación basada en un único alimento
(la leche cuando el niño es aún lactante) a otra alimentación variada y equilibrada, donde tendrán que estar
representados alimentos de todos los grupos. Esto se consigue gracias a un largo proceso de aprendizaje.
Por ese motivo, es este un periodo crítico de gran importancia en lo que a la formación de los hábitos
dietéticos del niño se refiere y, en consecuencia, para su futuro desarrollo y salud. Este aprendizaje de lo
que es “comer bien”, persistirá en el tiempo y eso explica la enorme dificultad que supone intentar cambiarle
a un adulto su manera de comer. Es decir: “lo que no se aprende de joven no se aprende de viejo”.

Se conoce perfectamente como, en países en desarrollo o en entornos familiares desfavorecidos, la
inadecuada nutrición afecta no solo al rendimiento académico de los niños como cabría esperar, sino que
también tiene consecuencias sobre la misma edad de escolarización, sobre su capacidad de concentración y
atención en clase. Por ejemplo, en el caso del desayuno, se ha confirmado la relación entre su contenido
calórico y el rendimiento mostrado en los tests de creatividad, en la capacidad para memorizar y en el
rendimiento alcanzado en esfuerzos físicos voluntarios.

Un caso muy concreto es el de los niños con dietas inadecuadas que manifiestan fuertes disminuciones en
sus depósitos de hierro, llegando incluso a manifestar anemia. En esta situación, los niños anémicos pueden
presentar síntomas como sensación de frío, palidez de piel y de mucosas (evidente en manos y labios),
fatiga, somnolencia excesiva e incluso permanente, irritabilidad, decaimiento o apatía, adelgazamiento, falta
de apetito, disminución de las defensas orgánicas ante infecciones, y retardo en el crecimiento y en el
desarrollo psicomotor. De hecho, la anemia conlleva un menor rendimiento en los estudios, que puede
incluso abocar al fracaso escolar, debido a la falta de concentración del estudiante.

No olvides promover el consumo de frutas y verduras en tu familia.

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